
¿A qué nos referimos cuando hablamos de realidad y verdad?
Dos palabras que usamos como si fueran la misma
En el plano cotidiano ya tenemos bastante claridad sobre por qué usamos estas palabras. Cuando nos referimos a la verdad, habitualmente aludimos a lo que sucedió, al hecho en sí mismo. Cuando hablamos de realidad, nos referimos a lo que funciona, y a cómo podemos verificar que algo es tal cual es.
El problema aparece al profundizar: el modo en que las cosas ocurren no respalda del todo ni lo que interpretamos como verdad ni lo que concebimos como realidad.
Al mirar de cerca, ni siquiera las memorias logran sostener la misma forma con el paso del tiempo. Intervienen la percepción y la interpretación, de modo que nuestros traumas, nuestra historia o nuestra situación presente alteran nuestra manera de ver las cosas.
Ante esto, para evitar complicaciones, solemos recurrir al comodín más cómodo: el relativismo. Afirmamos con ligereza que «cada quien tiene su verdad». Pero la cosa no es tan simple.
Si usamos la palabra verdad para referirnos al hecho estricto, el único momento en que esa verdad existe de forma plena es durante el suceso mismo. Después, ni las memorias ni los registros logran capturar la totalidad de lo que ocurrió, ni aquello que hizo singular a ese momento exacto.
Y cuando apelamos a las pruebas empíricas tampoco capturamos la verdad absoluta del hecho: acumulamos información que respalda una narrativa sobre él. Entramos en el terreno de las prioridades, los valores y la fidelidad hacia el acontecimiento — ya no ante la totalidad del hecho en sí. Por eso la verdad no es algo que se transmita, se posea o se entregue de un individuo a otro.
Lo único que nos queda, entonces, es la realidad: aquello que funciona. Y en ese terreno sí podemos ser más flexibles, porque la realidad termina siendo la estructura que define el modo en que nos relacionamos con el universo.
A dónde lleva esto
La verdad es única
Porque el hecho ocurrió de una manera singular e irrepetible, en su momento exacto. No hay dos versiones de lo que pasó: hay un solo acontecimiento, y muchos accesos distintos a él.
La realidad es individual
Porque la realidad de cada uno frente a ese hecho no pasa de ser un registro que queda implantado en la propia vivencia. Distinto en cada quien, y legítimamente distinto.
Vale la pena notar lo que esto hace con el relativismo. No lo derrota: le da la razón a medias. Es cierto que cada quien vive una realidad distinta — eso es exactamente lo que se acaba de describir. Lo que no se sigue de ahí es que existan varias verdades. Una cosa es que el acceso al hecho sea distinto en cada persona; otra muy distinta es que el hecho se haya partido en pedazos.
Dicho de otro modo: la pluralidad de realidades es un dato. La pluralidad de verdades es un salto que ese dato no autoriza.
Una cuestión de dirección
La corrección, entonces, no consiste en decirle a nadie que su experiencia sea falsa. Es un asunto de dirección. Cuando se dice «cada quien tiene su verdad», se está construyendo desde el sujeto hacia el universo, como si el punto de partida fuera uno mismo.
Lo que aquí se propone va al revés: partir de cómo el universo se presenta ante el sujeto, y estructurar desde ahí. La experiencia individual no se pierde en el camino — cambia de lugar. Deja de ser el origen de lo real para ser el sitio donde lo real llega.
Si quieres el desarrollo completo
Este artículo es la puerta de entrada a una distinción que el corpus desarrolla con todo su aparato. Si quieres ver la formalización —teoría de conjuntos, geometría fractal y números hipercomplejos— o el análisis de por qué el relativismo comete un error de nivel y no de lógica, esos dos textos continúan exactamente desde aquí.